La objetividad periodística no existe

El periodista Iker Seisdedos firma en el diario El País un artículo en cuyo titular se pregunta si la objetividad ha muerto en los medios de comunicación, una pregunta pertinente en estos tiempos de polarización política y social que parecen obligarnos a tomar partido en las causas y conflictos que se cubren desde los medios de comunicación.

Os anticipo que no creo mucho en eso de la objetividad. Los periodistas somos seres humanos y por tanto somos subjetivos. Tenemos las mismas querencias que el resto y nos aproximamos a los asuntos de interés público con la misma carga de juicios, prejuicios, principios y valores que cualquier otro ciudadano y eso influye en qué tipo de temas nos interesan y desde qué perspectivas los afrontamos.

Por esa razón, más que perseguir la objetividad, los periodistas deben perseguir el ejercicio de la profesión desde la honestidad y la libertad de criterio que le permiten analizar e interpretar la realidad poniendo por delante su capacidad de análisis y no su ideología o su simpatía por una u otra causa.

El contexto no ayuda. Los modelos de negocio de los medios se han debilitado tanto que muchas empresas periodísticas parecen hoy ramificaciones de partidos políticos, instituciones y empresas dispuestas a defender del modo que sea necesario los intereses de esas organizaciones a cambio de ingresos publicitarios que les permitan subsistir.

Pero, con todo, aún peor que esto es la actitud que demuestran algunos compañeros de la profesión periodística, quienes, más allá de lo que pase en sus empresas, parecen dedicarse a tiempo completo al activismo político antes que al ejercici0 de la profesión, sobre todo cuando se asoman a las redes sociales a mostrarles a sus seguidores su perfil más hooligan y sectario.

Basta con darse una vuelta por Twitter para comprobarlo. Hoy, uno de los criterios más genuinos para ‘evaluar’ a los periodistas no es la mayor o menor calidad de sus trabajos periodísticos, sino mirar cómo se comportan en las redes sociales. Y ahí da igual que hablemos de periodistas de izquierda, de derecha o de lo que sea.

Lo que diferencia a unos de otros no es su tendencia ideológica, sino el tono y el lenguaje que utilizan y, sobre todo, el respeto o no respeto a las reglas no escritas del periodismo. ésas que te dicen sin decirlo que un periodista no está para comulgar con todas las ruedas del molino ni para jalear o despotricar de alguien porque sea lo que en ese momento toca, sino para contar e interpretar la realidad con rigurosidad y con claridad de juicio y sin dejarse llevar por el ruido ambiental y el griterío de los propios y de los ajenos.

Un periodista sólido no es el que cuenta lo que dicen unos y otros como si fuera un humano con síndrome de papagayo, sino el que busca transmitir a sus lectores, oyentes o televidentes qué está pasando y por qué está pasando, sin importarle si eso ayuda, beneficia o perjudica a esos que supuestamente son los suyos o sus rivales.

Y hay ejemplos de buena y de mala praxis en todos los ‘bandos’. Pero para encontrarlos, no hay que fijarse en si los periodistas son o no son objetivos, sino si son o no son honestos en su aproximación a la realidad, es decir, si son o no son unos profesionales.

Así que dejaos de obsesionaros con la objetividad y centraos, con vuestros errores y vuestros aciertos, en ser lo más honestos posibles, A A la larga, será lo que os proporcionará la reputación y la credibilidad que tienen los mejores periodistas.

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