Cuando Twitter se transforma en una pesadilla

Miguel Ángel Quintana es un periodista que dirige un programa de fútbol de tres horas de duración, La pizarra de Quintana, en Radio Marca. Quintana es un producto de su generación. Un treinteañero inquieto y vivo que se hizo con un nombre en la industria gracias al valor que aportaba día a día con sus intervenciones en YouTube y en Twitter y que ha dado el salto a los grandes medios. Un ejemplo de manual y una referencia para los periodistas jóvenes de que con tesón, constancia, talento y un cierto olfato de dónde darse a conocer, las cosas pueden salir bien.

Esta semana, leía un comentario suyo en esta última red, en X, en el que anunciaba que iba a reducir su presencia en Twitter porque estaba harto de recibir insultos y comentarios despectivos. Había llegado a la convicción de que ya no le merecía volcarse en esta red pese a todo lo bueno que ésta le había dado y le seguía ofreciendo en términos de visibilidad y audiencia.

Lo de Quintana responde a un patrón común. Creadores de contenido que se abren paso gracias a su talento, pero también creadores de contenido (periodistas, escritores, guionistas, músicos, actores y artistas en general…) que llega un día en el que dicen que ya no pueden más con el ambiente tabernario y crispado que tienen que soportar.

De nada les vale pensar que se trata sólo de unos pocos hooligans que contaminan el ambiente. Cuando esto pasa, es humano que la víctima de estas cacerías se piense mucho seguir enredado en estas redes. Entre que sus carreras avanzan también en otros medios más mainstream, que tienen otros ingresos y que el ambiente en X es irrespirable, empieza a no compensarles dedicarle su tiempo a un sitio que ha sido invadido por hordas de tarados.

Es hora de asumir este problema. La red X y, en general, el resto de las plataformas tienen un problema cuando expulsan a profesionales talentosos como Quintana que se suman a la larguísima lista de exiliados digitales que han renunciado a las ventajas de estas plataformas casi que por razones de salud mental.

¿Van a aceptar las plataformas que los nuevos bárbaros expulsen el talento de estas plazas para la conversación pública? Pues cuidado que se les seguirá yendo el talento y un día no sabremos distinguir Twitter de un bar de borrachos a las seis de la mañana y en vez de a nuevos talentos como Quintana tendremos que soportar a algún patán que disfrute en un lodazal.

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