Leyendo sobre nuestra obsesión por las reuniones de trabajo

Hay pocas cosas que funcionen mejor que cuestionar lo que “siempre se ha hecho así” y repensar esas tablas de los diez mandamientos del mundo del trabajo que hoy en día ya tienen muy poco sentido a poco que te pongas a reflexionar sobre por qué se hace lo que se hace.
Uno de los asuntos en los que ese cuestionamiento es urgente es el de las reuniones de trabajo. Nos reunimos demasiado. O mejor dicho, nos reunimos demasiado y dejamos poco tiempo para estar lo suficientemente concentrados como para hacer un buen trabajo, el mejor trabajo.
En esta entrevista que rescato de hace unos meses, Benjamin Laker, profesor de la escuela de negocios de Henley, desmonta unos cuantos mitos sobre la importancia sagrada del carrusel de reuniones de trabajo que se impone en tantas empresas y reivindica un concepto sobre el que merece la pena detenerse: el del derecho a tener ‘días sin reuniones’.

Os  resumo algunas ideas

* A alguna gente le cuesta entenderlo, pero reunirse no es trabajar, es discutir sobre trabajo, así que mientras estás reunido no eres productivo. Va a ser complicado cuando dentro de doce meses la gente mire las métricas de rendimiento y se pregunten qué ha pasado sin darse cuenta de que de las ocho horas que pasamos en el trabajo, seis se destinan a reuniones.

*  Se trata de mantener cierta higiene con las reuniones, no se trata solo de reducir el número de reuniones sino el número de reuniones inútiles. El orden del día puede ser simplemente ir a tomar un café para ponerse al día, pero tienes un propósito claro. Está definido y sabes quién va a acudir. Nada de reuniones con más de ocho personas, porque ¿cómo aportas valor a una reunión así? ¿No puedes meterlo en Google Docs y que la gente aporte de manera asincrónica? No tiene ningún sentido.

*  El teletrabajo tiene beneficios claros, pero una de las desventajas es la ausencia de contacto cara a cara, algo que fue importante durante la pandemia. Nadie ha encontrado una manera de replicarlo exactamente, pero tantas reuniones no son sostenibles. La premisa central es que todos necesitamos un tiempo concreto en el que no nos molesten y podamos centrarnos en nuestra labor con autonomía, ya sea trabajando de forma híbrida o totalmente remota.

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