Más libros y menos tuits

Hace unos días  escuchaba en una entrevista de Lex Fridman al divulgador Yuval Noah Harari cómo este último subrayaba la necesidad de una buena dieta cognitiva para entender el mundo en el que vivimos y el mundo que viene, tan bombardeado de algoritmos, redes neuronales y machine learning. El mensaje está preñado de sentido común, pero no es fácil de cumplir cuando estamos tan enganchados a unas pantallas que nos prometen entretenimiento 24/7, todas las horas de todos los días de todos los años. Aun así, es importante que asumamos esta realidad. Quizás, para alcanzar el objetivo de esa dieta cognitiva saludable, necesitemos más lectura en papel y menos scroll infinito, más libros y menos tuits y más tiempo para la reflexión y menos para la compulsión.

No tengo una mente tan calenturientamente distópica. Lo que ocurre es que estoy convencido de que la mejor manera de navegar por un mundo de algoritmos cada vez menos artificiales es desarrollar las habilidades intelectuales y críticas que nos distinguen del resto de las especies. Nuestra dieta cognitiva está para el arrastre. Consumimos demasiadas raciones de comida rápida en nuestras pantallas. Y se nos nota la carencia de lecturas largas, ya sean artículos de fondo, ensayo o novelas de las que te explican una época. Como dije en otro artículo, necesitamos más Platón y menos GPT para manejarnos por la nueva sociedad del conocimiento. Pero no porque haya que hacerle una cruz a las nuevas innovaciones, sino porque hay que saber usarlas sin olvidar aquello que te distingue de las máquinas.

No lo toméis como lo que no es. Simplemente pienso que hay que pararse a pensar en lo que estamos haciendo y no adorar acríticamente la última tendencia que se asome por nuestros teléfonos móviles sin detenerse a reflexionar sobre en qué gastamos nuestro tiempo. Hay que ser muy ilusos para barajar que alguien vaya a dejar de ver Tik Tok para merendarse el ‘Guerra y paz’ de Tolstoi en un par de fines de semana, pero también hay que tener el cerebro de una ameba deslumbrada para no darse cuenta de que los atracones de redes que se dan algunos serán perjudiciales para su salud física y mental.

Si se necesita más concentración y atención, hay que entrenar la atención y la concentración. Y no conozco otras recetas más eficaces, y al mismo tiempo más placenteras, que la lectura de un buen libro, una película que veamos sin consultar cada dos por tres nuestra aplicación de whatsapp o una obra de teatro o un concierto al que acudamos con nuestros amigos. A veces, esa lectura, ese concierto, esa visita al museo que no está tan lejos de tu casa o una buena conversación sin móviles te da, además, esa ventaja competitiva sobre el resto que te permitirá tener

La mejora de nuestra dieta cognitiva está en nuestra mano. Y no hay que devanarse las neuronas para hacer algo al respecto. Lo que toca es tomar conciencia y actuar sin aplazar por más tiempo el momento crucial en el que dejas de hacer scroll infinito para, por ejemplo, aventurarte en un libro de papel.

Puede que te parezca que esta idea que te traslado es la propia de un nostálgico de lo analógico que no entiende el mundo que viene, pero te pediría que te lo pensaras un poco. No te dejes llevar por el ruido ambiental, por la corriente más cómoda. No te pido mucho. Acostúmbrate a leer cada día un artículo en largo o el capítulo de un libro. Hazlo varias semanas seguidas. Y luego dime si no notas el cambio en el modo en el que afrontas tu día a día profesional y personal.

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