El propósito en las estrategias de comunicación de las empresas

Leo en un artículo colaborativo en Linkedin que las empresas deben alinear su estrategia de comunicación a su propósito. Tiene un punto de apoteosis de lo obvio, pero si nos atenemos a lo que nos ocurre en el mundo de lo real, ya no lo es tanto. En demasiadas ocasiones, el discurso, el propósito y la práctica difieren como si vinieran de galaxias distintas. Y sí, hay que alinear propósito y palabras. Qué menos.

Todos somos, en mayor o menor medida y sea cual sea nuestro oficio, cazadores de confianza. Las empresas participan también de esta ‘caza’: necesitan que los ciudadanos les otorguen una ‘licencia social’ para operar, y esta licencia se logra siendo claros tanto en el qué hacen como en el porqué lo hacen, conectando discurso y propósito y alineando palabras y hechos.

Hoy, no basta con vender, sino que también hay que convencer. Por eso, es imprescindible obsesionarse con el objetivo de ser coherentes, claros y precisos a la hora de trasladar a los demás qué somos y porqué hacemos lo que hacemos. Mal vamos si dista un mundo entre lo que predicamos y lo que practicamos.

Ser auténtico y honesto y comprometerse ya no es una opción, sino una obligación si quieres que tu empresa logre la vinculación emocional interna y externa que le permitirá permanecer en el tiempo.

Comunica siempre. Y comunica con coherencia. Hay más cuestiones que permitirán que te ganes la confianza de tu entorno, pero esta comunicación coherente es un básico. Sin ella, quizás puedas andar unos cuantos kilómetros, pero es imposible que llegues a más. Enseguida aflorarán las contradicciones y se empezará a diluir el capital reputacional que hayas podido acumular. Y ya te digo, por experiencia en la gestión de muchas estrategias comunicativas, que la recuperación de ese crédito de confianza no es fácil. Por esta razón, siempre aconsejo desde la consultoría que se trabaje desde la prevención y con tiempo y no sólo cuando el daño reputacional está hecho.  Lo de ‘más vale prevenir que curar’ parece que lo inventaron para las crisis de comunicación. Y no hay mejor prevención que un discurso y una práctica que se alineen con el propósito de la empresa.

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