Aparca el móvil

Hazte un favor. Deja un rato al día el móvil en la encimera de la cocina o encima de tu mesita de noche. Y vete también a los ajustes de tu teléfono y empieza a silenciar las notificaciones que te llegan a las aplicaciones instaladas en tu escritorio.

El móvil es un Ferrari en el bolsillo. Pero un Ferrari que también es uno de los mayores ladrones del tiempo de la historia de la humanidad.

Millones de personas están enganchadas a estos dispositivos. Y los perjuicios se dejan notar. La desconcentración hace mella en quienes se sienten incapaces de no mirar el móvil menos de cincuenta, sesenta o cien veces al día. Entre ellos, tantos niños, adolescentes y no tan adolescentes enganchados al scroll perpetuo de sus redes favoritas.

Padres, madres y profesores se alían más para alejar a los móviles de las aulas. Y las Administraciones los secundan. Pero con esta ‘orden de alejamiento’ de los centros educativos no basta. Somos todos nosotros, en nuestras casas y en nuestros trabajos, quienes tenemos que poner sentido común ante esta pandemia de banda ancha y convivir de modo más razonable con nuestra pasión por las pantallas.

No es fácil, pero si la alternativa es este enganche insólito, ya podemos ir cambiando nuestros hábitos, aparcar el teléfono con más frecuencia y sustituirlo por un libro, una película sin interrupciones o, qué sé yo, hasta por una conversación con tus amigos o con tu pareja.

Qué menos, ¿no?

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