Cinco consejos y un atajo para mejorar un texto

Escribir sencilloEscribir bien no es sencillo. Entre otras razones, porque implica dejar atrás algunos lastres mentales, entre ellos, el que sostiene que un buen texto es aquel que contiene toda clase de retruécanos verbales y frases subordinadas, todas ellas regadas con una ración abundante de adjetivos y de adverbios.

Después de tantos años de periodismo y de comunicación escribiendo casi que de cualquier asunto, la experiencia, el oficio y unas cuantas lecturas me permiten sostener que la mejor manera de mejorar un texto, sea éste el texto que sea, es el de proceder a su limpieza como fuéramos la Marie Kondo de la escritura. O sea, a editarlo con un mínimo de sentido común, de sentido del ritmo y, si me apuráis, hasta de sentido de la estética.

 

Por si os apetece, aquí van algunos consejos.

  1. Como he dicho en anteriores ocasiones, declárale la guerra a los latiguillos, a los lugares comunes y a las frases hechas. Si abusas de estos topicazos, parecerá que te has tragado a un traficante de ripios y te convertirás en uno de esos adictos al floripondio para quien nunca cabe un alfiler en eventos que siempre se celebran en marcos incomparables.
  2. Dicta una orden de alejamiento de las frases subordinadas. En esto, te pido equilibrio. No se trata de escribir frases que parecen tuits entrecortados. La vida es más compleja. Y la escritura, también. Pero tampoco es conveniente que aturrulles a tu lector llevándolo a través de párrafos con más curvas que el circuito de Montecarlo. Las frases no son tratados que te dejan sin respiración. Sirven para ir trasladando ideas, pero de una en una, no todas a la vez en la misma frase gracias al abuso de las subordinadas.
  3. Si usas un verbo pobre, búscale un sustituto más rico. Empiezo a pensar que hay gente que no sabe que hay sinónimos para verbos como ser, estar, parecer o tener. Y sí, tienen sinónimos y no están de adorno. Están en el diccionario para ser usados del mismo modo que el resto de las palabras. Úsalos sin miedo, que no muerden.
  4. Conviértete en un verdugo insaciable de los adjetivos. No falla. Sólo con quitar unos cuantos adjetivos de un texto, éste mejora y coge vuelo como si le quitaras la mascarilla de la boca a un tipo que lleva dos años poniéndosela para salir a la calle. El texto empieza a respirar. Literalmente.
  5. Lo mismo con los adverbios. Los conectores están para algo. Úsalos. Pero con moderación. Si casi todo lo que te pasa empieza o acaba con un adverbio terminado en ‘mente’, es que estás escribiendo un horror sólo apto para relamidos de la escritura.

Y un bonus track: usa los nuevos asistentes personalizados que nos trae la buena nueva de la inteligencia artificial y pídele que mejore tus textos eliminando las redundancias y limpiándolos de tantos efluvios verbales. Dicho de modo más claro: no te cortes, usa GPT o alguna aplicación similar y que sus algoritmos te hagan el trabajo sucio, que en este caso caso es el trabajo limpio. Tu texto lo agradecerá. Y tus potenciales lectores, aún más.

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