¿Serías capaz de reducir un 50% tu tiempo de consumo del móvil?

A través de la muy recomendable cuenta en LinkedIn del economista Carlos Ares llego a una entrevista en The Guardian con Catherine Price, autora del libro How to break up whit your phone (Cómo romper con el móvil). En él, la autora repasa la estrategia de los creadores de aplicaciones para el teléfono que nos enganchan con productos que liberan nuestras dopaminas hasta hacernos adictos a ellas.

Price no dice nada que no sepamos: esta adicción es la base de cientos de modelos de negocio en la economía de la atención de las plataformas digitales y ya se ha discutido hasta la saciedad sobre ella.

Pero hay una frase, que Ares destaca, que quiero que nos sirva a todos para reflexionar: “Nuestra atención es un juego de suma cero: cada minuto que pasamos haciendo scrolling por contenido irrelevante es un minuto que no dedicamos a otra cosa y esos minutos se convierten en horas, en días, en meses que nos restan tiempo de dedicar nuestra atención a cosas realmente importantes. Por ejemplo, cuatro horas diarias de uso del teléfono, que es algo habitual, suman más de 60 días perdidos al año”.

Bien, yo he hecho este ejercicio. Y sí, muchos días uso las aplicaciones del teléfono más de cuatro horas al día. Por lo tanto, haciendo el mismo cálculo, soy de los que le dedican más de sesenta días al año, con todas sus horas, a usar el móvil. Y si no me quiero engañar a mí mismo, tengo que reconocer que un porcentaje alto de ese tiempo lo dedico a escrolear por las redes sociales… hasta que me doy cuenta de que parezco un zombi delante de una pantalla.

Por lo corto, voy a calcular que de esos sesenta días, le dedico treinta a ver noticias en Twitter y fotos en Instagram. Treinta días con todas sus horas. Como si por ejemplo le dedicara un mes entero de mi vida a estar pegado a una pantalla. Por visualizarlo: como si me encerrara en una habitación todo el mes de agosto y no dejara de ver el móvil ni un solo minuto.

A mí me enganchan las pantallas, pero sé que no me debo atiborrar de ellas. Por eso, soy partidario de estos ejercicios que no son tanto de desintoxicación como de racionalización de su uso.

En mi caso, si lo logro, calculo que me habré quitado unas 700 horas al año de Twitter y de Instagram que le podría dedicar a tomarme algo por ahí, a leer más libros o, qué sé yo, a escribir una novela o ver más partidos de fútbol.

Para pensárselo, ¿eh? Pues piensa ahora a qué le dedicarías ese tiempo que ganarías. ¿A que este reto te puede merecer la pena?

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