Los beneficios de escribir a mano y ‘aparcar’ un rato las pantallas

Hace unos días que quería escribir sobre un artículo que leí recientemente en El País cuyo titular es, en sí mismo, una puerta de entrada a una buena discusión: ‘Cuando escribimos a mano, memorizamos mejor. No abandonemos la caligrafía’. El texto, firmado por la periodista Julia Roiz, incluye estudios y afirmaciones de expertos que concluyen que la escritura a mano y sobre papel nos permite memorizar mejor los conceptos que describimos que si lo hacemos a través de los teclados de las pantallas.

Quizás algunos de los que estáis leyendo este texto estáis pensando que tampoco hacen falta muchas horas de estudio ni las opiniones de un consejo de sabios para darse cuenta de algo que tiene incluso un punto de obvio.

Lo comprobamos cuando escribimos a mano para memorizar mejor los verbos irregulares del idioma inglés o cuando anotamos en un cuaderno las principales ideas de una reunión de trabajo. Retenemos mejor cuando escribimos en un papel del mismo modo que también recordamos mejor si también leemos en papel y no en la pantalla de un ordenador o en la de un teléfono móvil de cinco pulgadas.

No digo esto porque piense que hay que apostatar de las pantallas ni nada similar, sino para que entendamos que debemos desterrar la alocada idea de enterrar la lectura en papel y abrazarnos acríticamente a la cultura de las pantallas.

Cada herramienta tiene su sitio, su uso y su fin. Yo no podría trabajar sin pantallas y tampoco podría vivir sin ellas durante una parte muy amplia de mis horas de ocio y de entretenimiento, pero tampoco puedo despreciar una tecnología milenaria como la del papel cuando soy consciente de que me permite retener mejor los contenidos que consumo a la misma vez que me ayuda a mejorar mi capacidad de atención y de concentración, bombardeadas por cientos de estímulos digitales compulsivos.

No sé si es también vuestro caso, pero yo llevo toda mi vida utilizando cuadernos y apuntando en ellos todo lo que se me ocurre: ideas, esquemas, resúmenes, anotaciones de todo pelaje… Es una costumbre, un hábito y casi que una ‘religión’. ¿Por qué? Porque sé que me ayuda a pensar mejor…y a acordarme mejor de lo que tengo que hacer. Cada vez que he tenido y que tengo que enfrentarme a un problema más o menos complejo, lo ‘simplifico’ ayudándome de un bolígrafo y un papel.

Hoy, por tanto, lo inteligente no es ‘pasar’ del papel, sino darle su sitio.

¿Cómo?

Mira, no es difícil. Vuelve a usar cuadernos, cómprate un par de bolígrafos y un paquete de folios en la papelería que tienes debajo de tu casa, haz resúmenes a mano en tu día a día y vuelve a leer de vez en cuando un periódico de papel o un libro. Rebélate y convéncete de que eso de que todo lo que quieras y necesites lo encuentras en las pantallas no te ayuda, sino que te entontece.

Ya verás que retienes mejor tanto lo que escribes como lo que lees, que los esquemas te salen mejor y que eres más capaz de poner en orden tus ideas y las de los demás.

Y cuando eso te pase, te terminarás preguntando que a quién se le ocurrió que era una buena idea que los niños estudiarán con tabletas digitales y que leer en papel era propio de nostálgicos de un mundo que ya no existe.

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