Marie Kondo, la Ley de Pareto y un consejo: céntrate

Conocéis la llamada Ley de Pareto, ¿no? El 80% de los efectos suele venir del 20% de las causas. En comunicación, si no se cumple, es porque el 80% se suele quedar corto. A veces, es incluso más. Lo pienso en más de una ocasión cuando trabajo las ideas fuerza de una organización o analizo los objetivos que se ha marcado y cómo trabaja en su cumplimiento.

Pasa de modo frecuente que la organización se fija una meta, pero luego no se ponen casi todos los recursos de tiempo, energía y esfuerzos en alcanzarla, sino que éstos se emplean en otros fines que, siendo importantes, tienen poco que ver con ese objetivo que han marcado como prioritarios en sus cuadernos de trabajo.

¿Por qué? Pues porque poner el foco en una cuestión no es difícil, pero lo que sí lo es, y mucho, es descartar el resto de las cuestiones. Como pasa con esos armarios que reventamos porque no queremos desprendernos de los abrigos que compramos hace una década, nos cuesta descartar muchas de las cosas que hacemos en nuestro día a día, aunque sepamos que las hacemos por inercia o “porque siempre se han hecho así”.

Pero de igual modo que se dice que si no quieres tener el mismo resultado de siempre, debes dejar de hacer lo que haces siempre, en este caso que estoy analizando debería ser obligatorio preguntarnos porqué no dejamos de hacer cosas si sabemos que éstas no nos ayudan a cumplir con nuestro objetivo principal y, además, que es lo más grave, nos quita tiempo y energía para lo que de verdad importa.

El foco implica sacrificio. Hacemos demasiadas cosas porque nos da miedo que dejar de hacer determinadas actividades nos haga perder otras tantas oportunidades. Pero este pensamiento no se sostiene. Lo único que logra este miedo a perdernos algo es que no nos concentremos lo suficiente en lo prioritario y que, por tanto, no logremos los mejores resultados en aquello que hemos decidido que iba a ser nuestro gran objetivo estratégico.

Es una paradoja. Y una paradoja muy frecuente. Por eso, en términos de comunicación, siempre me decanto por hacer un Marie Kondo, es decir, me obsesiono en analizar cuáles son los objetivos y prioridades de la organización y ‘limpiar’ la estrategia de todo aquello que sobra para el fin que nos hemos puesto como objetivo.

Guarda tu tiempo, que es finito, para lo importante, y olvídate de lo demás.

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