No tengas miedo a escribir en corto

He leído estos días el libro ‘El método Smart Brevity’, un ensayo sobre la simplificación de la escritura que firman Jim Vandenhei, Mike Allen y Roy Schwartz, fundadores de los medios Axios y Politico, dos de las propuestas periodísticas  más interesantes que han surgido estos últimos años en la industria mediática.

Más allá de que le pueda hacer cierta crítica por un tono de libro de autoayuda que le resta credibilidad, lo cierto es que contiene enseñanzas que van muy en la línea de lo que vengo defendiendo hace ya unos cuantos años:

Escribir bien es escribir sencillo. Cuanta más capacidad tengas de resumir bien tus ideas y de estructurarlas con claridad, más posibilidades tendrás de que se entienda bien qué quieres decir y que tu mensaje llegue de la mejor manera posible a quien te estés dirigiendo, ya sea la opinión pública o un grupo o una persona determinada. No hagas caso a quien te quiera convencer de que la sencillez está reñida con la profundidad. Quien suele defender esta idea confunde la complejidad con el enrevesamiento y es incapaz de saber captar la esencia de esas ideas. Se pierde en las subordinadas y decora sus textos con un despliegue de frases hechas y lugares comunes que juegan contra la comprensión de lo que quieren trasladar.

Escribir bien es escribir claro. La sencillez y la claridad no tienen buena prensa entre quienes piensan que el lenguaje es una herramienta que nos permite situarnos por encima de los demás y demostrar que somos intelectualmente superiores que nuestros interlocutores. Error. Es al contrario. Menos no sólo es más,. sino que es sinónimo de destreza verbal, de capacidad de leer bien las situaciones y de saber captar qué es importante y qué no lo es. Pero, sobre todo, es una señal de que se respeta al receptor de tus mensajes, se le trata como a un igual y no se le hace perder el tiempo. 

Escribir claro es una buena inversión. No le des más vueltas de las precisas. Si sintetizas con claridad un texto, demostrarás que sabes de lo que hablas y lograrás generar mayor confianza en tu entorno. Tal vez al principio, quienes te rodean se embelesarán con la persona que se muestra como el señor de los circunloquios verbales y de las frases enrevesadas, pero este atolondramiento durará poco. Los seres humanos tendemos a apreciar más a quien se entiende mejor, aunque sólo sea por una cuestión de supervivencia. Si te explicas mejor, sobrevives en la jungla, también en la del mundo empresarial. 

No hace falta que te diga que todo esto que te señalo es aún más importante en un momento como el que vivimos en el  cuesta hacerse un hueco en la atención en los demás. Recibimos cientos de estímulos diarios a la misma vez que nos cuesta concentrarnos cada vez más. Y nuestro enganche al móvil nos convierte en seres distraídos cuyos cerebros se están acostumbrando a reaccionar ante estímulos cortos y compulsivos.

Debemos, por tanto, ser precisos a la hora de ‘colocar’ nuestros mensajes.

Hago míos algunos de los consejos del ensayo. Prueba a  escribir con más claridad. Obsesiónate con recortar. Ahorra palabras. Usa frases más cortas. Huye de los lugares comunes y de los circunloquios. Enumera tus  ideas. Acostúmbrate a hacer resúmenes. Esquematiza.

Y, sobre todo, no tengas miedo de escribir en corto. No es sinónimo de tener poco que decir, sino de que sabes qué tienes que decir y qué no hace falta que digas. Un bien escaso cuyo valor es cada vez mayor en la era de la desatención.

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